· Por Alicia García de la Fuente
UN HONGO QUE NO ES UN HONGO
La Kombucha no es un hongo sino una colonia de microorganismos, bacterias y levaduras que viven en simbiosis
Para vivir y reproducirse necesita de té, azúcar y oxígeno.
Las primeras menciones sobre la Kombucha datan del año 200 a.C. en Manchuria. Desde allí se extendió a Japón y Rusia.
En japonés konbu significa alga y cha, té.
PROPIEDADES QUE SE LE ATRIBUYEN AL TÉ KOMBUCHA
En la tradición popular se le atribuyen múltiples beneficios: ayudar a eliminar toxinas, favorecer el equilibrio del pH, apoyar el sistema inmunológico y el metabolismo. La evidencia científica sobre estos efectos en humanos es todavía limitada, y la Kombucha no cura ni trata ninguna enfermedad: si tienes una condición diagnosticada, sigue el tratamiento que te indique tu médico.
DIGESTIVO: se le atribuye tradicionalmente ayudar a regular la flora intestinal y a las digestiones pesadas. Ante úlceras, colitis o cualquier molestia digestiva persistente, consulta con un médico.
RIÑONES: se le atribuye tradicionalmente un efecto suave sobre la función renal.
CORAZÓN: se le atribuyen propiedades que ayudarían a cuidar los niveles de grasas y glucosa, sin que esto sustituya el seguimiento de una enfermedad cardiovascular.
PIEL: se usa tradicionalmente como cuidado de la piel y el cabello.
RESPIRATORIO: se usa tradicionalmente como apoyo suave ante catarros comunes; no sustituye el tratamiento de infecciones respiratorias.
MÚSCULO-ESQUELÉTICO: se usa tradicionalmente como apoyo, junto a otras terapias, en molestias articulares.
VISTA: no hay evidencia de que ayude con las cataratas u otros problemas de visión: ante cualquier cambio en la vista, acude a un oftalmólogo.
MENOPAUSIA: se usa tradicionalmente entre quienes buscan apoyo frente a los sofocos.
Contenido informativo. No sustituye la valoración de un profesional sanitario.